Ya tiene solución tras dos meses viviendo en un trastero con su hijo con discapacidad

El trastero en el que vivió Rosario Planas con su hijo discapacitado por casi dos meses en Valencia
El trastero en el que vivió Rosario Planas con su hijo discapacitado por casi dos meses en Valencia - EFE

La historia de Rosario Planas y su hijo, salió a la luz hace un par de meses, cuando Rosario no aguantó más y decidió explicar la situación en la que se encontraban ella, una anciana de 66 años, y su hijo con discapacidad.

Desde el pasado 15 de enero ambos se encuentran viviendo en un hotel gracias a la solidaridad ciudadana del Hotel Casual de Valencia. Sin embargo, Rosario podrá volver a vivir en una casa, tras haber firmado un contrato de alquiler de una vivienda social, a la que tiene pensado mudarse en cuanto le den el alta de luz y agua.

Rosario pagará 61 euros al mes por el piso, frente a los 360 euros que pagaba de la anterior vivienda que tuvo que dejar al ser vendida por su propietaria, que la dejó en la calle con su hijo.

La nueva casa de Rosario es “pequeña y recogida pero no está mal” pero ella está “muy contenta” por tener ya su casa. “Es un contrato para cinco años pero si no rompo tabiques ni puertas ni nada me lo darán indefinidamente”, ha añadido la mujer, que comienza ver la luz al final del túnel pese a su lesión de tobillo que le impide trabajar.

Rosario y su hijo tienen pagado alquiler en el hotel hasta el 7 de marzo, y según cuenta, hasta que la casa no esté habitable no se irá de allí. “Iré llevando cosas, ropa, paquetes, lo que pueda llevar en la mano en el tranvía, y el fin de semana, en una furgoneta, llevaré muebles”, ha explicado.

Gracias a la Coordinadora Solidaria de Estibadores del Puerto, que le pagó dos semanas de alojamiento, Rosario y su hijo han podido tener un sitio en el que acobijarse durante estos casi dos meses. Tras la conclusión de estas dos semanas, la directora del hotel, pagó  otros siete días más de alojamiento, y finalmente, un particular se ofreció para pagarle otros catorce. Un precioso gesto que demuestra que aún se puede confiar en las buenas personas.

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