Tim Marovt es el pequeño de tres hermanos. Nació el siete de diciembre de 2002 y desde que tiene pequeños recuerdos, ha sentido una inagotable pasión por los deportes de cualquier tipo, practicando numerosas modalidades y demostrando grandes habilidades para cada una de ellas. Su vida parecía estar enfocada en este sentido.
Con el paso del tiempo, aquella curiosidad e intención no desvanecían, sino que seguían en expansión. Marovt afirma que «aproveché con entusiasmo cada oportunidad para jugar y desarrollar nuevas habilidades. Probé muchos deportes diferentes e incluso participé en varias competiciones, esforzándome siempre por dar lo mejor de mí.
‘Timson‘ fue el apodo que le pusieron sus amigos de la infancia y que ya e ha convertido como un aspecto de su identidad. Aquel joven soñaba con convertirse en una auténtica estrella del deporte mundial, siendo reconocido allá por donde pisase: «Quería ser un campeón de esquí mundialmente conocido y también me apasionaba y me esforzaba como piloto de motocross«, indica Tim.
Una lesión medular cambió «el curso de mi vida»
Siendo un niño de die años, Marovt ingresó en el equipo nacional de esquí, además de ganar el título de subcampeón nacional y ganador general de la temporada. Su habilidad no pasaba desapercibida entre los ojeadores y expertos: «Mis entrenadores me consideraron un atleta prometedor y reconocieron mi excepcional talento y potencial en el deporte«.
Sin embargo, todo dio un giro «repentino y dramático» mientras estaba de vacaciones familiares en Hawái siendo un niño de doce años de edad. Tim se encontraba en la orilla de la playa observando las maniobras de los surfistas para deslizarse por las olas con su tabla y sintió el fuerte deseo de probar ese deporte. Una decisión que marcaría su vida.
«La emoción de las olas, el aire salado del océano y la emoción de una nueva aventura al probar el surf por primera vez», expone, le llevó a sufrir un accidente cuyo pronóstico no era nada alentador: lesión medular. El propio Tim así lo explica: «escalaba las olas, sentí que algo me pasaba en la espalda y empecé a sentir un dolor muy extraño en la columna». Pudo volver a su habitación.
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Pero apenas quince minutos después trató de levantarse para ir al baño y «para mi sorpresa, me caí de inmediato y me di cuenta de que había perdido toda movilidad en las piernas«, relata Marovt. Aquel joven había comenzado a vivir «una experiencia devastadora«.
Ya en el hospital, los doctores pusieron nombre a aquella lesión: mielopatía del surfista. «Los médicos me dijeron que una vena de mi médula espinal se había comprimido y, como resultado, los nervios murieron, lo que me dejó paralizado de cintura para abajo«, explica Tim en su propia página web.
De hecho, le dijeron algo que nadie quiere oír en su vida, y menos un niño con sueños olímpicos: «Nunca volverás a caminar». Rápidamente, sus sueños cayeron en picado, pero con «coraje y determinación, tome la decisión de desafiar las adversidades«.
Transformar la visión en realidad
Tras recibir la comunicación del diagnóstico de lesión medular, Tim Marovt decidió centrar «toda mi energía y pasión hacia una nueva visión poderosa», que le ayudaría a superarse a mí mismo y a sus propias circunstancias. Esa decisión marcó el comienzo de un nuevo capítulo de su vida: «Un camino de recuperación que pondría a prueba mis límites y me desafiaría de maneras que jamás imaginé posibles«, indica.
Comenzó a trabajar en el proyecto de transformar su visión en realidad y siguió un «riguroso entrenamiento físico», que incluye fisioterapia, ejercicios personales y dispositivos de estiramiento, a menudo superando el dolor fue creando, cada vez más, motivos que le incentivaban a pensar que estaba cerca de «lograr mis objetivos».
Un año más tarde, el 12 de julio de 2015 «logré el gran hito de dar mis primeros pasos sin muletas», revela ‘Timson‘, orgulloso. Pero no se iba a quedar ahí. Contra todo pronóstico y contra la propia ciencia, «desafié las expectativas médicas, recuperé mi fuerza y aprendí a caminar de nuevo«.

A nivel interno no fue fácil, pero revela que se comunicaba consigo mismo y les envió «un mensaje claro a mis piernas: las necesito y cuento con ellas«. Se mantuvo firme en su propia determinación de superar cada desafío y alcanzar su máximo potencial.
A día de hoy, a pesar de que caminar todavía le cuesta y lo hace acompañado de dos bastones, Tim Marotv ya ha corrido más de quince maratones de 10 kilómetros: «Mi objetivo es algún día participar en todos los maratones más importantes del mundo, así como regresar a Hawaii para participar en el Ironman«. Lo conseguirá.
