Estamos reunidos en la sala de rehabilitación. A mi izquierda se encuentra Carlos, paciente que nació con parálisis cerebral y que encontró en el deporte una vía de escape; frente a mi, Isa, directora del centro y trabajadora social; a mi derecha, Laura, que sufrió un accidente de tráfico con 30 años; y, finalmente, a su vera, Bea, a quien le diagnosticaron un cáncer a los 31 años que le privó de poder caminar. Los tres testimonios, valientes y sinceros, están ligados por una misma causa común: una lesión medular que les obliga a estar sentados en una silla de ruedas. Pero no les insta a dejar de perseguir sueños e ilusiones. Y mucho menos a aceptar lo que creen que no es justo ni a reivindicar lo que es suyo.
La camiseta azul que Carlos lleva puesta no deja lugar a dudas; la sensibilidad con la que Laura y Bea hablan de este lugar, tampoco. Estamos, efectivamente, en la sede de ASPAYM -Asociación de personas con lesión medular y otras discapacidades físicas- de Málaga. Es pleno mes de agosto y el aire acondicionado hace su respectiva función, pero también todos los profesionales que componen el centro, que trabajan con distintos pacientes en cada maquinaria de la sala, adaptando movimientos y mecanismos según las lesiones de la persona a la que se esté tratando. De hecho, la Asociación ya ronda los 500 socios en al provincia de Málaga y atiende, semanalmente, a unas 120 personas que presentan alguna discapacidad física, especialmente lesión medular, aunque «aquí no dejamos a nadie sin atender, tenga o no tenga recursos», exponen desde la dirección.

Estamos a punto de abordar uno de los temas más complejos para los colectivos que presentan alguna discapacidad, como son las tarjetas de aparcamiento para personas de movilidad reducida (PMR) y los problemas de accesibilidad que existen en torno a este particular asunto, que tantas consecuencias generan en aquellos verdaderos usuarios que necesitan hacer uso de ellas. Laura rompe el hielo y expone tres escenarios que, bajo su experiencia y a lo que ha podido observar -y sufrir- en primera persona, provocan este conflicto: «Hay falta de aparcamientos para personas de movilidad reducida, excesivas tarjetas o un mal uso» de estos documentos acreditativos, expone.
«Hay falta de aparcamientos para personas de movilidad reducida, excesivas tarjetas o un mal uso»
Aparcamientos PMR, un problema por resolver
A pesar de que la tarjeta de aparcamiento para personas de movilidad reducida (PMR) es europea, el organismo que desarrolla la legislación es municipal, es decir, «depende del ayuntamiento de cada localidad» a la que se viaje. Por ello, para Carlos, usuario de este tipo de documentos y paciente de esta Asociación con una lesión medular, la normativa es «farragosa». Del mismo modo, hace no muchos años, los espacios destinados al estacionamiento de vehículos PMR iban asociados a un número de matrícula, de manera que se garantizaba que el usuario que aparcaba en esa plaza era el ‘dueño’ de la misma. Pero esa polémica realidad, en el caso de Andalucía, ya se ha eliminado: «la tarjeta de aparcamiento PMR va asociado a la persona», confirman desde ASPAYM Málaga.
Sin duda, los testimonios de Laura, Bea y Carlos, acompañados de los sensatos comentarios de Isa, no dejan lugar a dudas y ponen de manifiesto que las plazas de aparcamiento PMR suponen un quebradero de cabeza para sus usuarios. Y por diferentes razones. Pero, eso sí: los tres coinciden en que «la legislación debería ser más común para todos». En esta línea, el propio Carlos continúa exponiendo lo que, a su juicio, genera otra problemática a la hora de encontrar espacios de estacionamiento para personas de movilidad reducida: «el problema de la discapacidad es que se está metiendo en una bolsa de ‘todo vale'», por lo que, explica, que no hay suficientes plazas PMR para la cantidad de personas demandantes que tienen acceso -y derecho- a estacionar sobre una de ellas: «la tarta se está repartiendo en muchos colectivos».

Rápidamente interviene Laura, para otorgarle la razón a Carlos, pero también para aseverar que «no me parece mal, ni mucho menos. Pero entonces debemos reivindicar más aparcamientos» para personas de movilidad reducida. El espacio destinados para el estacionamiento de vehículos por parte de estas personas está compuesto por una línea rayada, que es el espacio necesario que requieren para efectuar la maniobra de apearse y subirse al coche, haciendo uso de la silla de ruedas. Por ello, abogan porque exista «mayor conciencia social, más conocimiento y mejor uso de las tarjetas».
«Lo que más demandamos es mayor conciencia social, más conocimiento y mejor uso de las tarjetas»
Mayor revisión y atención
Los usuarios de plazas de aparcamiento destinadas a personas de movilidad reducida lo tienen claro: demandan una mayor revisión y más atención sobre los vehículos que estacionan en estos espacios. Además de solicitar un mayor número de plazas, si se conceden más licencias. Igualmente, estos tres testimonios, que dan voz a miles de personas en una situación similar, citan el mal uso que se hace sobre estos aparcamientos por parte de ciertos colectivos, aunque no sean sujetos afectados de ninguna discapacidad. De esta manera, «lo que para ti pueden ser cinco ‘minutitos’ de aparcamiento, para mí supone un verdadero problema», lamentan sobre esta mala práctica de algunos conductores, faltos de empatía.
«Una frustración absoluta». Ese es el resumen con el que cierran este capítulo sobre la mala práctica a la hora de aparcar en plazas PMR por parte de ciudadanos que no tienen derecho a estacionar. Pero dejan una puerta entreabierta para narrar otra de las causas que genera crispación en el colectivo: el mal uso de las tarjetas de personas de movilidad reducida. La legislación explica que sólo se podrá hacer uso de ellas cuando la persona usuaria va dentro del coche, por lo que no será válido aplicar este derecho por ningún otro familiar o amigo, aunque el documento acreditativo esté a la vista. Y es una práctica más común de lo que nos podemos llegar a imaginar.

No es inusual que muchos familiares de una persona beneficiaria de una tarjeta PMR hagan uso de ella sin su presencia. O, incluso, sin su consentimiento: «La gente no se pone en el lugar del otro y muchas veces evitamos tener conflicto y explicarle a esa persona que lo está haciendo mal», lamenta Carlos. Así mismo, Isa, directora de ASPAYM Málaga y trabajadora social de la entidad interviene para recalcar que las plazas de aparcamiento PMR «no son ningún privilegio», sino una «necesidad»; acto seguido, también recalca la problemática relacionada con el aumento del censo poblacional, en la que las plazas de aparcamiento PMR «siguen igual y son las mismas», por lo que la situación deriva en una «falta de accesibilidad a estas plazas» por quienes realmente necesitan hacer uso de ellas.
«Lo que para ti pueden ser cinco ‘minutitos’ de aparcamiento en una plaza PMR, para mí supone un verdadero problema»
Normativa de plazas PMR
Las plazas de aparcamiento para personas de movilidad reducida están destinadas, única y exclusivamente, para los usuarios que dispongan de la correspondiente tarjeta. Además, como cita la legislación, sólo se podrá hacer uso de este espacio cuando el titular del documento viaje también dentro del vehículo. Por ello, son muchas las teorías que circulan sobre estas plazas PMR, pero ¿qué dice al respecto la normativa? En primer lugar, y antes de entrar en materia, se recae sobre la idea principal de estos párrafos: «los principales centros de actividad de las ciudades deberán disponer de plazas de aparcamiento reservadas y diseñadas para su uso por personas titulares de la tarjeta de estacionamiento para personas con discapacidad», como se expresa en el apartado 1 del artículo 35 de la Orden TMA/851/2021, de 23 de julio, que posteriormente se ha complementado con el Real Decreto 193/2023, de 21 de marzo.
Así mismo, de acuerdo con el Real Automóvil Club de España (RACE), «al menos 1 de cada 40 plazas, independientemente de las destinadas a residencia o lugares de trabajo, deben reservarse a las personas con discapacidad». Además, estos aparcamientos tienen que estar señalizados horizontal y verticalmente con el símbolo de accesibilidad para la movilidad, según establece el artículo 43 de la misma orden. No obstante, la plaza de aparcamiento para personas con movilidad reducida requiere de una normativa muy específica que pretende facilitar los desplazamientos de estos ciudadanos.
Por ello, finalmente, el colectivo de personas con discapacidad y que presentan movilidad reducida alzan la voz a través de Tododisca para reclamar sus derechos sobre estas plazas de aparcamiento, recordando que no son ningún «privilegio», sino «una necesidad» para ellos. Igualmente, reclaman y solicitan una mayor conciencia social, más atención y depurar responsabilidades ante quienes hagan un mal uso de las tarjetas PMR.
«Al menos 1 de cada 40 plazas, independientemente de las destinadas a residencia o lugares de trabajo, deben reservarse a las personas con discapacidad».






