Breve e Intenso – Por Marga. Historias de Superación I

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Era la primogénita de un matrimonio muy joven. Nací un 15 de febrero de 1970 en Las Palmas de GC. cuando mi madre aún no contaba con sus 17 años cumplidos. Pesé 2 kilos 900 gramos. El embarazo fue normal y, “supuestamente”, el parto también. Ella sólo recuerda horas y horas de dolor y que cuando, por fin, el ginecólogo ayudó alumbrarme ya estaba exhausta.

Todo marchaba según lo previsto hasta que con el paso del tiempo se percató de que “algo” no iba bien; transcurrían los meses y yo, con nueve, todavía no mantenía ni la cabeza ni el tronco como otros niños de mi misma edad. Me llevó al pediatra y éste la derivó a un psiquiatra quien me diagnosticó “ un retraso” y aconsejó matricularme en “El Monte Coello” que era una especie de colegio para niños con Síndrome de Down.

Ella acudió al lugar indicado pero, con la extraña intuición que sólo una madre puede tener, supo que aquel sitio no era el adecuado para mi… Exactamente no sabía lo que podía padecer su hijita pero lo que vio en ese colegio ¡no era!

Fue gracias a una vecina, la cual le dijo que el hijo de su prima parecía tener lo mismo que yo, que acudió al rehabilitador que trataba a ese niño. Él fue quien informó a mi madre de lo que me afectaba: una Parálisis Cerebral Infantil seguramente causada por un sufrimiento fetal al nacer. Desde entonces mi madre, lejos de lamentarse y amilanarse, cogió al toro por los cuernos y luchó por mi independencia como persona.

En 1974 di mis primeros pasos casi a la misma vez que empezaba hablar. Con 5 añitos andaba sola y hablaba por los codos. Empecé la EGB en el Colegio de Educación Especial San Juan de Dios en 1975 a la par que acudíamos a diferentes profesionales en Madrid y Barcelona. Desde que tengo uso de razón recuerdo las largas y pesadas sesiones de ejercicios que mi incansable madre me hacía en casa; la carrucha (me cogía los pies para que caminara con las manos) y sus enfados para que las abriera bien… los collares de macarrones… las pompas de jabón… el soplo de velas…

El último tratamiento que tuve la suerte de probar fue el Método Tómatis (Barcelona 1991) con 21 años.

Terminé la EGB con 14 años, el bachiller con 19, la Formación Profesional (Jardín de Infancia) con 22 (a esa misma edad también me saqué el carnet de conducir) y la Universidad (Trabajo Social) con 25. Decidí optar por esa carrera porque deseaba AYUDAR a madres que, como la mía, estarían pasando un calvario pensando que serían de sus hijos en un futuro. ¡Y qué mejor ejemplo que el propio! Pero la sociedad es tan injusta que jamás me dieron la posibilidad de demostrar mi valía como profesional en el campo de lo social. Puesto que ya daban por hecho mi incapacidad, nunca llegué a pasar las entrevistas personales, pese a sacar las mejores notas en las pruebas teóricas pues prejuzgaban sin haberme dado siquiera la oportunidad de probar si aquel juicio de valor se correspondía con la realidad o no.

No obstante, tal y como mi madre me había inculcado desde muy temprana edad, no desistí de mi empeño y con 27 años empecé a trabajar en una Asesoría Jurídica. Mis primeras funciones fueron realizando fotocopias, imagino que porque no se fiaban de mi (risas), luego me mandaron a copiar datos a un ordenador, después me hicieron cargo de la facturación interna de la empresa y por último acabé como responsable del departamento de facturación al completo. Me subieron el sueldo y me compré una casa.

En 1998 me independicé con mi pareja y dos años después dí a luz a un niño varón sano pese a la no recomendación de algunos médicos pero, sobre todo, al desaconsejo de mi madre. En aquellos momentos no entendía la postura de mi madre… Ella, que siempre me había inculcado que “si quiero puedo” me vetaba mi gran sueño: SER MADRE. Pero ahora que lo soy entiendo que sus razones eran miedos… miedo porque sabía que ser madre era una vocación sin descanso y en esa batalla no podría protegerme.

Actualmente trabajo media jornada en el sector público; no es en el campo social pero he aprendido a ver el lado positivo de las cosas; gracias a eso tengo calidad de vida, la cual baso en el tiempo que puedo dedicarle a mi hijo. Dentro de una semana hará 12 años que cumplí mi gran sueño y, viéndolo crecer como persona, me reconforta intuir que lo estoy haciendo bien… Aún me quedan algunos sueños por cumplir como aprender a nadar, escribir un libro, seguir educando en valores a mi hijo y crear una asociación para ayudar a esas madres a reivindicar los derechos de sus hijos con PCI. Son bastantes sueños pero… ¿qué sería de esta vida sin ellos?

Fuente: Marga

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